La necesidad y el miedo

Miedo a perderte,
necesidad de tenerte;
le dijo el avaro al oro,
le dijo Narciso al espejo,
le dijo el Rey a su trono.

Miedo a perderte,
necesidad de tenerte;
le dijo la estrella al cielo,
le dijo Dios a la fe,
le dijo la envidia a su anhelo.

Miedo a perderte,
necesidad de tenerte;
le dijo la vanidad al halago,
le dijo el héroe al coraje,
le dijo la rana al lago.

Miedo a perderte,
necesidad de tenerte;
le dijo el amante a su amada,
le dijo la libertad a sus alas,
le dijo el tirano a su espada.

Miedo a perderte,
necesidad de tenerte;
le dijo la tartana al freno,
le dijo el infante a su moco,
le dijo la diva a su estreno.

Miedo a perderte,
necesidad de tenerte;
le dijo el creído a la mentira,
le dijo el parásito a su huésped,
le dijo el odio a la ira.

Miedo a perderte,
necesidad de tenerte;
le dijo el líder a su escaño,
le dijo el mono al plátano,
le dijo el pene al tamaño.

Miedo a perderte,
necesidad de tenerte;
le dijo el patriota a la tierra,
le dijo la lujuria al orgasmo,
le dijo el fusil a la guerra.

Retraído por el temo,
impulsado por el quiero;
así camino o me abandono.
¿Desatarse o ceder al recelo?
Esa duda me cuestiono.

El club de los espejos cóncavos

Hoy he conocido el club de los espejos cóncavos;
de los flacos que se ven gordos.
De los vulgares que se creen doctos.
De los cuadrados que se muestran redondos.
De los frágiles que van de rocosos.

Hoy siento pena por el club de los espejos cóncavos;
por sus caretas de ángel con piel de demonio.
Por sus sonrisas que tapan colmillos de lobo.
Por sus voluntades prendidas en el fulgor del oro.
Por sus comadreos que reducen la nada al todo.

Hoy me protejo del club de los espejos cóncavos.
Contra tanto humo que me ciega los ojos.
Contra tanto adorno que me roba el decoro.
Contra tanto jabón que me hace ser bobo.
Contra el que confunde “mucho” por “meritorio”

Sin literatura

Me pongo del lado de los hacedores.
Me alío con quien confía en sí mismo y es por ello admirablemente generoso.
Me rindo ante la persona de acción que desdeña el enredo del verbo.
Adoro al que no confunde regalo por préstamo.
Creo en quien ofrece su mano sin precios, ni intereses.
Me entristece…
quien amaga su impotencia con gesto arrogante,
quien se aúpa en los zancos del recelo para semejar más alto,
quien se instala en la envidia amarilla impostando frío desaire.
Un gesto antes que mil palabras.
Un “ya voy” antes que un “digo”.
Firme voluntad antes que tramposa cháchara.
A la acción se pasa sin literatura.

Un miligramo de pasión

Que no me quites la pasión que es mía.
Si soy feliz, si camino, si respiro es por ella.
Que no me robes la pasión que sin ella estoy perdido.
Una gota de agua en la hoguera soy sin ella.
La llama de una vela en la tempestad soy si no la tengo.
Que no me arrebates el impulso que me siento falso,
déjame pecar de natural como un niño cuando enreda.
Deja que el azar sea mi estrella.
Deja que mi suerte no entienda de planes.
Déjame ser incorrecto, ilegal e imperfecto.
No quiero medir mis palabras y quiero que mis gestos sean infinitos.
Que no me quites la pasión que es sólo mía
y de los que la comparten y la multiplican.
Que no calmes mi ardor que, si no, no soy capaz de inventar.
Que no castigues mi ímpetu que sin él no conozco la libertad.
Que no me sujetes con la forma y me apartes del gesto.
No quiero moderación; quiero sinceridad.
No quiero mesura; quiero transparencia.
Que no me cambies la viva pasión por el manso silencio
Que no me corrijas el tono y me hagas arrodillar
Que no me quites lo que me mantiene en pie y me define.
Para bien y para mal soy pasional como el artista, el chiquillo o el inventor
y no soy frío como el receloso, el sumiso o el miserable.
Para bien y para mal soy así;
cambio un kilo de mesura por un miligramo de furor.

Se visten de magos

Juegos de manos para camuflar el truco;
trampas vestidas de magia.
Cartas replicándose sobre el tablero;
estudiada fórmula bajo el tapete.
Conejos en la chistera;
boquetes en la mesa.
Varillas mágicas;
palos de avellano.
Vedette troceada;
equilibrio de espejos.
Ilusión;
sucia treta.
Fantasía;
triste complot.
Magia;
oculta estafa.
Nos dicen te quiero y nos hunden un hierro.
Nos dan un beso y nos queman a fuego.
Con un ojo seducen y con otro abandonan.
Delante remueven;
detrás nos entregan.
El mal nos distrae para confundirnos.
Nos venden humo;
juegan al despiste.
Gesticulan;
cuando de la dignidad se burlan.
Inventan cabriolas a la par que nos roban.
Hacen chistes por un lado y por otro esclavizan.
Abracadabra.
Nos agitan por allí y nos acobardan por allá.
El poder nos confunde,
nos lía,
nos enreda.
Se visten de magos y desnudos nos dejan.

El burdel de Europa

ImageHay que apretarse el cinturón ¿Qué tiene que ver Eurovegas o Barcelona Word con eso? ¿No quedábamos en que no había dinero? ¿No habíamos resuelto que esta crisis la pagaríamos los menos favorecidos destruyendo paulatinamente el estado de bienestar? ¿No nos estábamos apretando los cinturones hasta ponernos cinturita de avispa? Sí, es dinero privado ¿Y qué? ¿No tenemos a los políticos de “nuestro” país para decir a los especuladores que el dinero lo necesitamos para generar empleo ahora y no a diez años vista? Cada vez más, el sur, y en concreto España, se está convirtiendo en el parque temático del norte de Europa. Ya no producimos NADA porque los emprendedores, los curiosos, los inventores de ideas, se nos van a otras latitudes en busca de futuro, ante la indolencia de nuestros gobernadores que ven en eso la oportunidad de esclavizar más y más a su pueblo: una tierra sin una voz rebelde es una tierra expuesta al vasallaje, a la tiranía del poderoso que agacha a cuantos le rodean con el látigo del miedo. Ya no producimos nada, somos los monos de feria de los que controlan el mundo; hagamos cabriolas y que nos echen sus migajas y nos rescaten del abismo de lo incierto para lanzarnos al abismo de la deuda. Ven a España a hacer lo que no haces en tu país. Ven a España a romper las normas, se podrá fumar, beber y jugar sin límites. Ven a España, hay putas por doquier y muy baratas. Ven a España; como son tontos porque desprecian su educación, como son estúpidos porque aniquilan la cultura, como no se quieren porque desprecian a sus mayores, sus enfermos, sus hijos, sus intelectuales y sus discapacitados… como son tan fáciles… fácilmente serán nuestro arrabal. Nada inventan porque sus políticos se han encargado de exterminar al inquieto, nada crean porque sus gobernantes les han robado la felicidad, nada producen porque los “honestos defensores” de sus intereses les han traicionado cruelmente. Los que deberían haber hecho algo por la comunidad, lo han hecho por beneficio propio ¡Traidores!

Emperadores de un charco

ImageLes dan un charco y se creen reyes del océano. Te meten el dedo en el ojo y lloran porque les has roto la uña. Adornan con arrogancia, y con el halo del que todo lo puede, su patente mediocridad. Se sienten eternos y para sustentar tal estupidez tachan de efímeros a los que despuntan, regalan indiferencia a los que resplandecen y perdonan la vida a los que les inclinan la cabeza. Hablan y se escuchan la voz. Cuando se dirigen a ti les cuesta mirarte a los ojos, como si estos fueran una ventana abierta a sus secretos, y miran nerviosamente, a derecha y a izquierda,  por si aparece alguno de sus muchos enemigos. Sólo se mueven si les salpica la sangre y si les pides ayuda te dicen que te busques la vida y coartan su desprecio con el manido lema de la equidad “si te doy a ti tengo que darle al otro” Sonríen  mecánicamente y conocen los maravillosos efectos de una buena dosis de hipocresía justo a tiempo. Te dicen “me gusta” cuando quieren decir “no me doy por aludido” y aunque “les guste”, hacer, nunca van a hacer nada. Salen de la nada y se aposentan para vivir del cuento y de los miedos del personal y del bolsillo del que deberían defender y acaban censurando a ultranza. Si hablas te vetan, si quieres crecer te intentan empequeñecer y si hay un pan y dos bocas, la tuya y otra, se lo dan al otro que es más amigo. Van en manada y se abren camino con los ojos que miran por encima del hombro; tienen un charco y se creen emperadores del gran azul. Sólo les encorva dos cosas: la fe ciega hacia su líder al que deben pleitesía eterna por haberlos puesto donde están y la duda de si sus nuevos amigos lo son por afinidad afectiva o por el ruido del oro.