El burdel de Europa

ImageHay que apretarse el cinturón ¿Qué tiene que ver Eurovegas o Barcelona Word con eso? ¿No quedábamos en que no había dinero? ¿No habíamos resuelto que esta crisis la pagaríamos los menos favorecidos destruyendo paulatinamente el estado de bienestar? ¿No nos estábamos apretando los cinturones hasta ponernos cinturita de avispa? Sí, es dinero privado ¿Y qué? ¿No tenemos a los políticos de “nuestro” país para decir a los especuladores que el dinero lo necesitamos para generar empleo ahora y no a diez años vista? Cada vez más, el sur, y en concreto España, se está convirtiendo en el parque temático del norte de Europa. Ya no producimos NADA porque los emprendedores, los curiosos, los inventores de ideas, se nos van a otras latitudes en busca de futuro, ante la indolencia de nuestros gobernadores que ven en eso la oportunidad de esclavizar más y más a su pueblo: una tierra sin una voz rebelde es una tierra expuesta al vasallaje, a la tiranía del poderoso que agacha a cuantos le rodean con el látigo del miedo. Ya no producimos nada, somos los monos de feria de los que controlan el mundo; hagamos cabriolas y que nos echen sus migajas y nos rescaten del abismo de lo incierto para lanzarnos al abismo de la deuda. Ven a España a hacer lo que no haces en tu país. Ven a España a romper las normas, se podrá fumar, beber y jugar sin límites. Ven a España, hay putas por doquier y muy baratas. Ven a España; como son tontos porque desprecian su educación, como son estúpidos porque aniquilan la cultura, como no se quieren porque desprecian a sus mayores, sus enfermos, sus hijos, sus intelectuales y sus discapacitados… como son tan fáciles… fácilmente serán nuestro arrabal. Nada inventan porque sus políticos se han encargado de exterminar al inquieto, nada crean porque sus gobernantes les han robado la felicidad, nada producen porque los “honestos defensores” de sus intereses les han traicionado cruelmente. Los que deberían haber hecho algo por la comunidad, lo han hecho por beneficio propio ¡Traidores!

Emperadores de un charco

ImageLes dan un charco y se creen reyes del océano. Te meten el dedo en el ojo y lloran porque les has roto la uña. Adornan con arrogancia, y con el halo del que todo lo puede, su patente mediocridad. Se sienten eternos y para sustentar tal estupidez tachan de efímeros a los que despuntan, regalan indiferencia a los que resplandecen y perdonan la vida a los que les inclinan la cabeza. Hablan y se escuchan la voz. Cuando se dirigen a ti les cuesta mirarte a los ojos, como si estos fueran una ventana abierta a sus secretos, y miran nerviosamente, a derecha y a izquierda,  por si aparece alguno de sus muchos enemigos. Sólo se mueven si les salpica la sangre y si les pides ayuda te dicen que te busques la vida y coartan su desprecio con el manido lema de la equidad “si te doy a ti tengo que darle al otro” Sonríen  mecánicamente y conocen los maravillosos efectos de una buena dosis de hipocresía justo a tiempo. Te dicen “me gusta” cuando quieren decir “no me doy por aludido” y aunque “les guste”, hacer, nunca van a hacer nada. Salen de la nada y se aposentan para vivir del cuento y de los miedos del personal y del bolsillo del que deberían defender y acaban censurando a ultranza. Si hablas te vetan, si quieres crecer te intentan empequeñecer y si hay un pan y dos bocas, la tuya y otra, se lo dan al otro que es más amigo. Van en manada y se abren camino con los ojos que miran por encima del hombro; tienen un charco y se creen emperadores del gran azul. Sólo les encorva dos cosas: la fe ciega hacia su líder al que deben pleitesía eterna por haberlos puesto donde están y la duda de si sus nuevos amigos lo son por afinidad afectiva o por el ruido del oro.

Esclavo de las palabras

Las palabras por si solas no quieren decir nada significativo. Puedes escribir “te amo” con todo el odio del mundo. Los sentimientos y las intenciones que impulsan a las palabras pronunciadas son el verdadero hilo de Ariadna para escapar del laberinto de la paradoja. Bajo la premisa del culto ciego a las palabras no nos importaría que nos odiasen a muerte mientras no lo pronunciaran o no le daríamos importancia al amor mientras no nos lo declararan a puño y letra.

Por un lado están las palabras y por otro el sentido de las mismas: no es lo mismo “estar” en duelo que “tener” un duelo; aunque, en el Oso de Chéjov ambas cosas se entremezclan. La paz escrita es más corta que la guerra; pero, si la grabo sobre el fondo blanco de un folio, con todo el amor del mundo, la palabra toma vida y se hace poderosamente interminable.
Puedo decir “eres un hijo de puta” y dependiendo de la susceptibilidad del receptor o los intereses del emisor se puede entender como un insulto o como un halago; así pues, si quieres que alguien te ame que lo selle con sus gestos y no con palabras que, pretendiendo pronunciarse como aval del sentimiento, lo hacen a uno esclavo del interés, o, pretendiendo decirse como punta de flecha del poder manipulador, acaban golpeándote como un boomerang.
Gestos y no palabras: las palabras se las lleva el viento o se borran del papel con las lágrimas, las babas o el sudor de las manos.
Gestos y no palabras: las palabras son imágenes especulares del la verdad del sentimiento; pero, no son transparentes. Las palabras se pueden medir, pues son finitas, los gestos en cambio son infinitos y definen al ser humano como un animal poderosamente pasional e impulsivo.
Uno no es esclavo de sus palabras y dueño de su silencio; al menos, Shakespeare no predica con el ejemplo a tenor de su obra dramática. Uno es esclavo de las palabras, eso sí, y dueño de sus gestos.
Y ahora finalizo este escrito: porque, tengo muchas cosas que hacer…

Doña Vela y Don Barco

La vela, hacía tiempo que había decidido abandonar al barco. Creía, la vela, no sin razón, que el barco iba a la deriva, sin rumbo claro y sin tierra en el horizonte. El navío se tambaleaba torpemente sobre las olas de un mar bravo y apenas conseguía enderezarse. Las olas lo agitaban y a cada embestida lo despedazaban con la misma facilidad que un niño trocea un juguete. No era empresa inteligente seguir a bordo del suicidio y todas las telas de la vela se confabulaban, cada minuto más, contra el barco con el que habían compartido años y aventuras y al que ya no querían pertenecer. La vela fantaseaba con pilotar su propia nave; incluso, le acosaba un sueño repetido que le hacía creer que hubo un tiempo en que navegaba sola y libre; pero, había aceptado lo poco que le satisfacía aquel montón de madera al que estaba atada; porque, cuanto menos, podía alardear de la superioridad que le confería tirar de una fragata defectuosa. La vela se sentía diferente, era diferente, y eso la mantenía muy en alto, acaparando todo el viento del mundo. Se decía a sí misma: “No soy una más, soy la vela y puedo enmendar el mástil, dirigir el timón, empujar la quilla o erizar el trinquete con la fuerza de un Titán”  El barco, a su vez, le restaba méritos al velamen y empequeñecía su valía hasta el punto de desear, a veces, su fracaso. Decidió la vela que ya bastaba de ser el motor del barco y que ya era suficiente eso de darlo todo para recibir muy poco a cambio. Se preguntaron, cada uno de los trapos que ondeaban a golpe de aire,  si ellos por sí solos podrían llegar a buen puerto; en vista de que, el barco al que pertenecían no tomaba rumbo y más parecía que tirara para atrás: como recula un caballo al borde de un precipicio “¡Qué lejos llegaríamos sin estos tarugos de madera! ¿Por qué le llaman barco al barco y no le llaman vela? ¿Por qué no nombran a las cosas por su nombre y se honra al mérito y se ponen los puntos sobre las íes?” Tanto se convenció, la vela, de lo esclava que se sentía del barco, que desgarró sus telas para separarse del palo mayor, liberó los aparejos, desanudó las jarcias y se deshizo de las vergas que la mantenían cautiva. Como se despega una pegatina de su soporte o como se desprende una cáscara de su fruto o como se desliga un botón del ojal que lo aprisiona; así, se separó la vela de su barco; así, se segregó el barco de su vela. Un fuerte viento levantó hacia las nubes, y más allá, el velamen, agitándolo con vehemencia y propulsándolo hacia el cielo con la fuerza de un cohete. En pocos segundos no quedó ni rastro de la vela que se perdió en el espacio, absorbida por el firmamento, con el barco como testigo peleando para no ser engullido por el agua. La vela pensó, mientras se desintegraba en la estratosfera: “No era el barco mi enemigo; más bien, avanzábamos juntos: era el mar que con su bravura nos hacía difícil navegar” El barco pensó, mientras sólo le quedaba medio mástil para conocer lo que era estar hundido entero: “No era la vela lo que no supe elegir; sino, el océano donde debía navegar”

Un barco sin vela es medio barco y una vela sin barco más parece una cometa.

¿Quién es el pirata en Somalia?

Nuestros soldados van camino del cuerno de África para llevar alimentos a los niños que se mueren de hambre por la sequía y, de pasada, para defender a los pesqueros españoles de los piratas somalíes. Pero… ¿Qué hacen los pesqueros españoles en el cuerno de África? ¿Es que no tenemos costas en España para pescar aquí? ¿Acaso ya no tenemos suficientes atunes como para abastecer los intereses de las empresas pesqueras? ¿Cuánto se paga a Somalia por pescar en sus aguas? ¿Si el cuerno de África tiene tantos peces; porqué, su gente se está muriendo de hambre? Si damos uno para los niños hambrientos y quitamos cinco para nuestra voracidad capitalista ¿Dónde está la ayuda humanitaria? ¿Ayuda o cortina de humo? No os perdáis el vídeo de Juan Falque… totalmente esclarecedor.

Al señor Equis

Ahí viene… alto y con gomina. Siempre sonríe, es como un mecanismo automático cuando alguien lo descubre. Los músculos de la cara se ponen en acción y hacen elevar la comisura de los labios lo suficiente como para dibujar una media luna bajo la nariz. El señor Equis controla el tinglado, mueve los hilos, manda; pero, siempre con extrema prudencia, con peones de por medio que den la cara por él. El señor Equis sabe que ganará en la medida en que ejercite los mecanismos de la división y el aislamiento. Si algo toma fuerza sólo hay que seccionarlo para que se desangre o arrinconarlo para que se aburra; pero, no lo hará él, lo harán sus peones que le deben fidelidad. Si ahora sus secuaces son algo es porque él los colocó allí y dependen de él, de su gracia, de su misericordia. Los monigotes de Equis creen ser algo y se turban ante la idea de perderlo todo si se apartan de quién abogó por ellos y por eso hacen concesiones alejadas de la justicia, la ética o la moral. El señor Equis es consciente del juego y cuando quiere finiquitar la rebelión llama a los muñecos de trapo para que le hagan el trabajo sucio. El señor Equis no necesita contrastar, ni cotejar, ni escuchar todas las versiones; como él es el gallo del gallinero sólo entiende la ley del “la razón es mía que soy quien mando” El señor Equis, alto, con gomina y sonrisa forzada, como tiene miedo, sabe que es a través del miedo como se logran rápidamente los objetivos y practica el terror con sus súbditos que permanecen atados de manos, con complejo de culpabilidad y con pánico a perder su rácana posición. Luego está el ignorante que se deja enjabonar y es tan mediano que calma sus complejos con la palmadita en la espalda del señor Equis. Entonces, más pronto que tarde, asoma el que parece el posible sustituto del señor Equis: alguien que aparenta miedo o agradecimiento; pero, que ni tiembla, ni tiene nada que devolver. Llegados a este momento se disparan las alarmas internas del señor Equis que se empieza a convulsionar. El señor Equis sabe que es el momento de mover hilos para desactivar a quien parece ser su sustituto auténtico y lo hace proponiendo a otros: más vale agasajar a marionetas doradas que a capitanes de plomo.
El señor Equis tiene un pequeño problema: la gente no lo quiere por lo que es o por lo que hace; sino, por las influencias que tiene o por lo cerca que les puede poner del inalcanzable sueño… ¿De qué sirve poderlo todo si no se puede hacer que te quieran por otra cosa que no sea tu rango? El señor Equis tiene otro problema: no puede controlar al espíritu independiente, ni al que le vio el color de los ojos, ni al que nada espera de él, ni al que conoce su debilidad ¿Cuál? el miedo… el miedo a sentirse solo… el miedo a que un día acabe la pantomima y, en la normalidad, nadie se arrime a él… quizá su perro, algún trasnochado o algún familiar.

La Ley de la selva

En la sabana, en África, ocurren sucesos que bien podrían parecerse a actos carroñeros que definen a la estirpe humana. El guepardo, de entre los artistas de la caza, es el más grande a pesar de su pequeño tamaño. Es esbelto, ágil, rápido, creativo, intuitivo… un verdadero Rey de la destreza. Las hienas, en cambio, viven a costa de animales nobles y de raza como los guepardos. Las hienas son carroñeras y sustentan su estrategia en aquello que popularizó, Juan Carlos, para que no le salpicara “el golpe” que él mismo orquestara: “¡Dádmelo hecho!” Las hienas afinan su olfato y, cuando la sangre de una herida abierta las excita, acuden raudas con su falsa sonrisa y su falsa simpatía, allí donde el guepardo realiza su faena, con el fin de afanarle el fruto del triunfo. Las hienas, de tanto sonreír, y de tan excitadas que les pone la carne, escupen unas babas que delatan su fechoría detrás de su perfecta sonrisa “Profident” a lo “don’t worry, be happy”
El guepardo, exhausto y asfixiado, resta jadeando, impotente tras las matas, mientras las hienas se dan un festín de tiernos filetes. En este cuento el guepardo puso el arte y las hienas el oportunismo.
A todo esto ¿Qué pasa con la gacela? ¿Qué ocurre con la indefensa presa? Lo mismo que ella hizo con las rojas bayas y los brotes verdes de espino… pasar a mejor vida.
Por fortuna el guepardo tiene seguidores… muchos seguidores ¿A qué se debe este apoyo popular? ¿Quizá el guepardo simbolice la capacidad de sacrificio, la generosidad y el talento? ¿Quizá sea pura coincidencia? Las hienas, en realidad, están solas o si tienen algún amigo es por el miedo que a éste le despierta el tener en contra a unas carroñeras o por el favor de tener a su lado a unas expertas en el pillaje por si las puede usar en su interés.
El guepardo, con el trabajo bien hecho, se queda con un palmo de narices mientras las hienas se sacian; pero, ¡ah! ¿Y si la carne de la gacela estuviera envenenada? ¿Y si la frágil presa tuviera piel de gacela; pero, cuerpo de alacrán? En tal caso el guepardo podría retorcerse de hambre; aunque, se habría librado de una buena indigestión.
Hay un gran reloj de arena, indicando nuestra condena, que pende sobre nuestras cabezas como una espada de Damocles. Para algunos ya no queda rastro de arena, para otros todavía resta algún grano escondido y para las hienas… empieza la cuenta atrás.

Pedro.

¡Olé tus Gónadas, Álex!

Que nadie confunda compartir con piratear: lo uno responde a un acto de generosidad y lo otro a pillaje con corbeta. El caco expolia, para su lucro, sin dejar opción al favor de los demás… puro egoísmo. El internauta que descarga de la red no impide que lo que descarga siga estando compartido y, por tanto, es injusto que lo reduzcan a la categoría de pirata… ¿Es un bucanero el usuario de una biblioteca? ¿Es un “ganzúa” sibilino el que toma de la estantería a “El Principito”? Quizá es que las bibliotecas, desgraciadamente, no están muy llenas y no surge el recelo de algunos productores, editores y autores a hacerse menos ricos. Distinto es bajarse una película de la red; ya que, es una práctica común y extendida; quizá también, por algunos cuyo apellido coincide con la ese, la i, la ene, la de y la e ¿Quién sabe? La red es una bendición para los que amamos la cultura porque es accesible e inmediata y hace que la satisfacción de la curiosidad no sea directamente proporcional al volumen del bolsillo. Con la red un niño del tercer mundo puede sentarse ante una pantalla y ver, una y cien veces, el último gol de Messi o la postrera pirueta de Chaplin ¿A quién le puede molestar eso? A los desconfiados que ven lucro en la satisfacción de la curiosidad y a los interesados que ven dólares en el bien más preciado del Ser humano: el intercambio generoso del conocimiento.
La red abre el debate, aumenta las expectativas de propagación de la obra del autor que, por los mecanismos tradicionales, eran casi nulas… sin contactos, sin mecenas, sin avaladores, sin posibilidad de multiplicar exponencialmente a sus admiradores. La Sinde, y sus seguidores, aboga por la censura, por frenar el flujo de la cultura y el conocimiento, por castigar al que comparte, por fiscalizar al curioso… como cuando nos decían que el “vicio solitario” conducía a la ceguera. La Sinde, y el sistema, cortan las ramas del árbol de la ciencia para que los pobres mortales no puedan nutrirse de su fruto: cuanto más aborregados mejor controlados; así vigilaba Dios en el Edén impidiendo que le mirasen a los ojos; pero, el ser humano es curioso por naturaleza y no hay censor que lo frene.
En tributo a la valentía de Alex de la Iglesia por su dimisión, como director de la academia de cine, añado, bajo el último renglón de esta misiva de admiración, el mini video que lo inmortalizó como una persona consecuente. Ojala se propague el ejemplo y los que nos gobiernan aprendan que están ahí, con nuestros votos, para ayudarnos y no para utilizarnos, cada cuatro años, con el fin de asegurar su estatus.

Las tres caras del traidor

“Quien quiere ahogar a su perro dice que está rabioso” así define Molière al traidor. Algunos, a los que había ayudado y les había abierto un camino, me trataron como a un perro rabioso y clavaron su puñal sobre mi espalda ¿Algo debí hacer? Quizá haber confiado en ellos sin reservas. Antes era ejemplar y ahora tengo la rabia: motivo suficiente para hundirme el puñal en las cervicales.

A Julio César lo traicionaron unos por ambición, otros por envidia y otro, Bruto, porque sentía el deber de matar a la serpiente en el huevo; porque, quería salvar a Roma… una burda autorización para su desleal acto. Bruto engañó a Antonio, engañó a Roma, quizá engañó a Shakespeare; pero, a mí no ha conseguido engañarme, tras la cara de cordero estaban las fauces del codicioso.

Las personas demolemos a nuestros bienhechores con frecuencia ¿Por qué? Yo creo en la teoría del esfínter: a uno se le encoge tanto que no puede cagar con libertad y siente que va a reventar por dentro. La sombra del poder aparece y nos acojonamos. De esa cosa se alimenta el poder; de los esfínteres constreñidos. Cuando el músculo del ano se te comprime tomas un triste puñal y se lo clavas a quien te hizo el bien. Llega el poder y el pelo se te eriza como a un urogallo y te dice al oído -si no estás conmigo estás contra  mí- Bueno, en realidad dice – ¿De verdad vas a bailar al son de ese? ¿No ves que te utiliza… que te manipula? No estés cerca de ese… miserable que cuando le cortemos el pescuezo, te salpicará con su sangre de plebeyo ¡Aléjate! ¡Mantente neutral!- Por supuesto la neutralidad siempre favorece al poder. La neutralidad es la forma en que el cobarde apoya al poderoso. La neutralidad es un velado posicionamiento, con quien tú quieres, haciendo creer que no estás con nadie. Se me olvidó decir que cuando el esfínter se encoge emerge una cresta de gallina en la zona de la coronilla y rebosan babas por la comisura de los labios. Así es la foto del neutro que clava el puñal y esconde la mano.

Además está la teoría del “Golum” El Golum que tenemos dentro asoma ante la posibilidad de conquistar migajas. El Golum es otro de los vestales del traidor. La desbordada ambición del Golum le hace tomar el puñal y esperar el descuido de su bienhechor para degollarlo. En la teoría del Golum, el traidor aparenta aires de justicia para velar su desenfrenada ambición. Dice -se me ofrece una silla ¿Voy a despreciarla? ¿Pero si es la silla de quien me trajo aquí… a esta dichosa posición? Me merezco más de lo que tengo ¡Voy a hacer justicia! ¡Fuera de mi silla!- Otras veces dice -¡Me ha enseñado tantas cosas! ¡No me puedo creer que esté rabioso y contagie la rabia por donde va! Si le clavo un puñal será en defensa propia- Ni cabe decir que el Golum no conoce la teoría del contraste y es capaz de mentirse así mismo con tal de justificar su ambicioso y sumiso acto de traición. El Golum que tenemos dentro aflora por miedo a que la mediocridad se ponga al descubierto. El ambicioso es un ser loable; pero, se transforma en despreciable cuando utiliza los codos, el oportunismo y mata a quien lo estima con el fin de ocupar su lugar o complacer a su amo. El ambicioso que destruye es un mediano con careta, un beene, un jotaeme y otras cosas que acaban en eme. El poderoso tiene bien aprendida la lección y sabe como controlarlo: le ofrece las migajas y éste se vende a precio de saldo.

Luego asoma la tercera cara del traidor: “el flaco amarillo” Es flaco y amarillo; porque, muerde y no se alimenta. Es el que admira en secreto al que va a apuñalar y lo quiere destruir; porque, no soporta verlo desde abajo, como el contrapicado de una cámara. El flaco mata por envidia y tanto le encoje la envidia que es el que más estira el brazo para hundir la daga. La envidia lo consume y entonces diagnostica rabia al perro para autorizarse a matarlo. El envidioso se cubre las espaldas con el manoseado truco de “el sentido de la justicia”; dice levantar una espada y en realidad levanta un puñal con cicuta en la punta. El flaco es un mediocre con el esfínter comprimido y cresta de gallina, que se maquilla de “buen rollo” para que no se vea el cáncer de sus ojos. Sólo hay tres que lo saben: el que es objeto de su envidia, su mujer que lo encubre  y el poderoso que gestiona su hiel para tenerlo de peón, de perro faldero, de carne de cañón. El poderoso manipula la envidia del flaco para tenerlo de soldado, de perro de presa y de puta si viene al caso. El envidioso se ve tan pequeño y flaco que dobla los espejos para verse más gordo.

El temeroso, el ambicioso y el envidioso son controlados por la sombra del poder que a menudo recuerda a una orquídea: frágil, dulce e inofensiva por fuera; pero, muy cojonuda como su propio nombre indica. Otras veces, el poderoso, aparece con cuernos; pero, como reposan sobre la cabeza sólo acierta a ver su sombra en el suelo y como es poderoso se consuela creyendo que es la sombra de su corona.

En conclusión; si sientes una punzada en la espalda comprueba si “el Golum”, “el flaco” y “el gallina” han dejado su sello. Cuando te la han metido doblada no hay remedio; pero, si los ves venir a lo lejos, ándate con ojo, escapa, corre, sepárate, aléjate; aunque, parezca que quieran danzar contigo ellos son como son: con una mano te toman la cintura para fagocitar tu ritmo y con la otra…con la otra te desangran la espalda.

Pedro.

Looking for Montserrat

¿Estuviste con nosotros? ¿Hiciste como los avestruces? ¿Disfrutaste del buen teatro junto al resto, junto a las seiscientas personas que poblaban el escenario? Claro, lo entiendo todo, el viernes era un día para que Carro de Baco y Alquimistes disfrutasen de su éxito y tú no quisiste enturbiarlo; es tu forma de expresarnos ese afecto que te caracteriza practicando la humildad y procurando no robar un segundo de protagonismo a los verdaderos artistas. Gracias. Un padre me dice -­No es que se la eche a faltar; porque, ya sabemos que de Alquimistes pasa- y yo le contesto -¿No entiendes que lo hace para no apoderarse de la conquista de Alquimistes y Carro de Baco?- Para los que no conozcan el dato Alquimistes y Carro de Baco son dos caras de la misma moneda; aunque, algunos pretendan confundir al personal con el juego de las siete diferencias. Que no lo digo por la Regidora, me consta que ella lo tiene claro, es que ha habido varios intentos de desmontar la química milagrosa entre Carro de Baco y Alquimistes y, parece ser, que no lo han conseguido ¿Sabéis por qué? Porque Alquimistes y Carro de Baco viven fusionados por el amor y hace mucho tiempo que son la misma cosa.

Pero a lo que íbamos: hay quien entiende que NO viniera, Montse, a darnos ánimo antes del espectáculo e incluso hay quién cree que no es importante que NO nos felicitara; porque, el público en pié, emocionado, es un hecho que desdibuja las engañosas palabras; pero, muchos no comprenden, y yo intento sacar hierro al asunto, que la Regidora de Cultura NO quisiera brindar con Alquimistes en la noche memorable de teatro que ofreció a Santa Coloma. Esa noche Pretoria, los supuestos terroristas del Fondo o la inundación de La Central Escènica, pasaron a un segundo plano ¡Por fin una buena noticia! ¡Una noticia de las que dejan marca de ciudad! Sobrevuela la sombra de la duda -Esa mujer no nos considera, somos plebeyos de segunda categoría- intento calmar los ánimos –Escuchadme ¿Ha venido un viernes por la noche a ver nuestro estreno, no? ¿Podría haberse quedado en casa regando sus orquídeas, no?- la duda se estira -¡Ingenuo! ¿Sabes a qué ha venido? A figurar, a criticar, a ver el fallo, a demostrarse a sí misma que tiene ante sus ojos a catorce discapacitados y que, a lo sumo, a alguno de ellos parece que no se le note- y yo digo -¡Basta!- Tengo que frenar a la gente que ve en nuestra Regidora, paradójicamente, al paradigma de la insensibilidad artística, a un cerebro cuadrado que no ve más allá de Schumann, las orquídeas y sus “íntimos” de casta -¡Es la Regidora de Cultura! ¿Cómo no va a caer en la cuenta de que Alquimistes y Carro de Baco es CULTURA con mayúsculas?- Entonces es cuando me comentan lo del díptico, lo del catálogo y lo del full informatiu. El díptico que debía estar y no estuvo ¿no era responsabilidad de Montse? Quizá se quería ocultar el mérito del enorme equipo artístico que obró el milagro. Tres pobres líneas en el “full” sin apenas desarrollar la noticia; otras tres líneas en un rincón del catálogo del teatre Sagarra. Por cierto; todo el teatro local se refleja, en el catálogo, sobre fondo negro, sin ficha artística, ni foto… como una esquela. Un amigo psicólogo me dice que quién permite esa división es porque cree reconocer que Santa Coloma tiene dos culturas: una de primera categoría formada por Patricios y otra de segunda formada por plebeyos ¡Hay que ver como se comen la olla mis amigos! Entonces acaba su tesis psicoanalista y me dice ¿No te diste cuenta que Carro de Baco no figura en ninguna información? ¿Qué me quieres decir que nos están vetando sibilinamente? No, no os vetan ¿cómo van a vetar a los FUNDADORES de Alquimistes después de quince años de brillante trayectoria? Yo diría, más bien, que os tienen un poco de miedo ¡Tela marinera con el aprendiz de Freud!

Luego está lo de las entradas: doscientas personas en la calle ¡Vaya organización la del Presidente de Alquimistes con el Servicio de Cultura! (Todo esto no lo dice mi amigo Freudiano; sino, un sin fin de gente que dicen tener la mosca tras la oreja) A lo mejor es que muchos contaban que no íbamos a llenar el teatro ¿Dónde estaba la famosa proyección en la sala Miquelet para estos casos? ¿Se pregona un servicio que luego no se ofrece? Y la multitud me dice -Lo peor de todo es que dejaron en la calle a personas que colaboraron directamente con la obra, a periodistas que podían habernos ayudado a divulgar y a invitados de muchos kilates, muchos de ellos con las invitaciones reservadas hacía una semana  ¿No se estará practicando, aquí también, la división entre invitados de primera e invitados de segunda? ¿No estaremos reproduciendo lo que, tan bien, hace la Regidora?- No hay público de primera, ni de segunda; sólo hay un público verdadero: el que acude de corazón. El viernes, si alguien entró con el corazón cerrado e inundado en hiel; aún, debe estar experimentando el dolor de tener que haber juntado las manos, haciendo el mínimo ruido posible, para aplaudir en silencio el espectáculo; aunque, querer silenciar a Alquimistes es como encender una bombilla en un estúpido intento de eclipsar al Sol.

Pedro.

El Termómetro de la Fealdad

Hoy, una vez más, al levantarme y abrir la ventana las moles de cemento perfilan el horizonte de Santako; y es que nunca ha sido la ciudad tan Santako como es ahora con los Cúbics. El feísmo urbanístico alcanza en Sta Coloma cotas tan elevadas como los 24 pisos del edificio central: el termómetro de la fealdad. No hace mucho la Regidora de Cultura, ante la noticia de que una cía americana nos había comprado los derechos de La Mano para su representación en Estados Unidos, en vez de felicitarnos, dijo literalmente: “Se nota vuestra alegría, afuera debe haber un termómetro de la felicidad”  Tenía razón, Sta Coloma tiene un termómetro estupendo, pero no marca la felicidad. Si ella viviera en Sta Coloma podría disfrutar de los 24º perpetuos de estupidez humana que, de aquí a la eternidad, marcará el termómetro. Menos mal que, en breve, la Fiesta Mayor teñirá de colorido el gris imperante; hasta entonces, me queda el consuelo de extasiarme con el fantástico bodegón futurista de naturaleza muerta del póster de fiestas. ¡Y ojo! Vaya por delante que la que escribe, además de ser una fan de la ciencia ficción, respeta la obra de Gino Rubert; pero, hay ciertas cosas que cuestan de digerir: parque Europa idílico, adultos convertidos en marionetas que ni sufren ni padecen      (la festa al cor)  niños todavía vivos, pero ya infestados por el virus de la maldad, descendiendo por el tobogán de la nueva Catalunya, sumisión absoluta de la única cara humana convertida en perro faldero y lo más doloroso, Cubics empequeñecidos a dos plantas, elevados a símbolo de la única esperanza de aliento de vida: la ventana abierta en homenaje al cuadro de Dalí y Gala en un banco amamantando a un niñito negro: los auténticos colomenses del futuro; aunque, no sabemos qué tipo de leche dará el pecho blanco de la polémica y estéril Gala… Queda la incógnita de si el autor ha querido dejar sus crítica o si todo es fruto de mi imaginación; pero, como mínimo no me negaréis la ironía que el primer cartel de fiestas de Sta Coloma, después del escándalo Pretoria, tenga como símbolo Cubics. En fin: sea como sea el póster no es que invite a la fiesta pero invita a la reflexión y en una ciudad  tan adormecida como Sta Coloma, estímulos como éste son de agradecer.

Heidi.