El Método Baco 1

PEZ PEQUEÑO EN EL OCÉANO:
A menudo nos jactamos de ser peces grandes en una bañera y no movemos un dedo para cambiar esa sensación de limitado privilegio. Es igual que ser el Rey tuerto en el país de los ciegos: mientras unos creen en su eterna ceguera otro se convierte en amo y señor gracias a su único ojo diestro. Un actor debería huir de esa trampa para apoltronados que se dejan regir por el pánico al rechazo. Un actor no debería malvenderse aceptando ser un “Rey tuerto” en el país de los ciegos y debería emprender un viaje a la búsqueda del país de los que “ven más allá de las paredes” e instalarse con ellos. El pez grande en una bañera exhibe sus notables proporciones… no por su afortunada genética; sino, por lo escaso del espacio donde nada. La condición de un actor debería alejarlo de escoger el placer del baño en una bañera. En una pila difícilmente te ahogarás, eso es cierto, difícilmente tendrás que demostrar tus dotes en braza para permanecer a flote, estamos de acuerdo, y raramente nos atacará el tiburón del imprevisto; ni siquiera será necesaria la espontaneidad o la creatividad para salvar situaciones inesperadas. Todo lo tendremos “controlado”; pero, ese “control” es el temible enemigo del actor creativo. Controlando el imprevisto es complicado que surja ese punto de creatividad que funciona como combustible para el artista. La creatividad es un recurso que aparece de la mano de la espontaneidad con el fin de solucionar las pruebas del imprevisto.
Un pez pequeño nada en un océano de oportunidades, se desplaza por lugares inesperados, avanza por una corriente marina de constante conocimiento, nunca tendrá la falsa seguridad del control de sus acciones; pero, gozará del placer del aprendizaje, la satisfacción de la sorpresa y la ilusión de estar inmerso en un viaje que se alimenta de cada instante, de cada milésima de segundo. El pez pequeño nunca finalizará su viaje a través del infinito océano y cuando haya escrutado todo el inmenso mar se lanzará a descubrir, palmo a palmo, todo el universo. El pez grande en la bañera chocará contra las paredes de sus límites, sufrirá los golpes de su instinto aventurero atrapado en la cárcel del control traicionero y la falsa seguridad. Incito a los actores a “creerse” peces pequeños en un océano de oportunidades; porque, el tamaño es relativo : depende del cristal con que se mire. Para un pez grande en una bañera los límites de su territorio son su fortuna; para un pez pequeño todo límite es una prisión. Lo que a uno le hace grande no es su propio tamaño, sino, la dimensión de su coraje.
Un poco de Chaplin para ilustrar el camino de la creatividad:

Al señor Equis

Ahí viene… alto y con gomina. Siempre sonríe, es como un mecanismo automático cuando alguien lo descubre. Los músculos de la cara se ponen en acción y hacen elevar la comisura de los labios lo suficiente como para dibujar una media luna bajo la nariz. El señor Equis controla el tinglado, mueve los hilos, manda; pero, siempre con extrema prudencia, con peones de por medio que den la cara por él. El señor Equis sabe que ganará en la medida en que ejercite los mecanismos de la división y el aislamiento. Si algo toma fuerza sólo hay que seccionarlo para que se desangre o arrinconarlo para que se aburra; pero, no lo hará él, lo harán sus peones que le deben fidelidad. Si ahora sus secuaces son algo es porque él los colocó allí y dependen de él, de su gracia, de su misericordia. Los monigotes de Equis creen ser algo y se turban ante la idea de perderlo todo si se apartan de quién abogó por ellos y por eso hacen concesiones alejadas de la justicia, la ética o la moral. El señor Equis es consciente del juego y cuando quiere finiquitar la rebelión llama a los muñecos de trapo para que le hagan el trabajo sucio. El señor Equis no necesita contrastar, ni cotejar, ni escuchar todas las versiones; como él es el gallo del gallinero sólo entiende la ley del “la razón es mía que soy quien mando” El señor Equis, alto, con gomina y sonrisa forzada, como tiene miedo, sabe que es a través del miedo como se logran rápidamente los objetivos y practica el terror con sus súbditos que permanecen atados de manos, con complejo de culpabilidad y con pánico a perder su rácana posición. Luego está el ignorante que se deja enjabonar y es tan mediano que calma sus complejos con la palmadita en la espalda del señor Equis. Entonces, más pronto que tarde, asoma el que parece el posible sustituto del señor Equis: alguien que aparenta miedo o agradecimiento; pero, que ni tiembla, ni tiene nada que devolver. Llegados a este momento se disparan las alarmas internas del señor Equis que se empieza a convulsionar. El señor Equis sabe que es el momento de mover hilos para desactivar a quien parece ser su sustituto auténtico y lo hace proponiendo a otros: más vale agasajar a marionetas doradas que a capitanes de plomo.
El señor Equis tiene un pequeño problema: la gente no lo quiere por lo que es o por lo que hace; sino, por las influencias que tiene o por lo cerca que les puede poner del inalcanzable sueño… ¿De qué sirve poderlo todo si no se puede hacer que te quieran por otra cosa que no sea tu rango? El señor Equis tiene otro problema: no puede controlar al espíritu independiente, ni al que le vio el color de los ojos, ni al que nada espera de él, ni al que conoce su debilidad ¿Cuál? el miedo… el miedo a sentirse solo… el miedo a que un día acabe la pantomima y, en la normalidad, nadie se arrime a él… quizá su perro, algún trasnochado o algún familiar.

La Ley de la selva

En la sabana, en África, ocurren sucesos que bien podrían parecerse a actos carroñeros que definen a la estirpe humana. El guepardo, de entre los artistas de la caza, es el más grande a pesar de su pequeño tamaño. Es esbelto, ágil, rápido, creativo, intuitivo… un verdadero Rey de la destreza. Las hienas, en cambio, viven a costa de animales nobles y de raza como los guepardos. Las hienas son carroñeras y sustentan su estrategia en aquello que popularizó, Juan Carlos, para que no le salpicara “el golpe” que él mismo orquestara: “¡Dádmelo hecho!” Las hienas afinan su olfato y, cuando la sangre de una herida abierta las excita, acuden raudas con su falsa sonrisa y su falsa simpatía, allí donde el guepardo realiza su faena, con el fin de afanarle el fruto del triunfo. Las hienas, de tanto sonreír, y de tan excitadas que les pone la carne, escupen unas babas que delatan su fechoría detrás de su perfecta sonrisa “Profident” a lo “don’t worry, be happy”
El guepardo, exhausto y asfixiado, resta jadeando, impotente tras las matas, mientras las hienas se dan un festín de tiernos filetes. En este cuento el guepardo puso el arte y las hienas el oportunismo.
A todo esto ¿Qué pasa con la gacela? ¿Qué ocurre con la indefensa presa? Lo mismo que ella hizo con las rojas bayas y los brotes verdes de espino… pasar a mejor vida.
Por fortuna el guepardo tiene seguidores… muchos seguidores ¿A qué se debe este apoyo popular? ¿Quizá el guepardo simbolice la capacidad de sacrificio, la generosidad y el talento? ¿Quizá sea pura coincidencia? Las hienas, en realidad, están solas o si tienen algún amigo es por el miedo que a éste le despierta el tener en contra a unas carroñeras o por el favor de tener a su lado a unas expertas en el pillaje por si las puede usar en su interés.
El guepardo, con el trabajo bien hecho, se queda con un palmo de narices mientras las hienas se sacian; pero, ¡ah! ¿Y si la carne de la gacela estuviera envenenada? ¿Y si la frágil presa tuviera piel de gacela; pero, cuerpo de alacrán? En tal caso el guepardo podría retorcerse de hambre; aunque, se habría librado de una buena indigestión.
Hay un gran reloj de arena, indicando nuestra condena, que pende sobre nuestras cabezas como una espada de Damocles. Para algunos ya no queda rastro de arena, para otros todavía resta algún grano escondido y para las hienas… empieza la cuenta atrás.

Pedro.

¡Olé tus Gónadas, Álex!

Que nadie confunda compartir con piratear: lo uno responde a un acto de generosidad y lo otro a pillaje con corbeta. El caco expolia, para su lucro, sin dejar opción al favor de los demás… puro egoísmo. El internauta que descarga de la red no impide que lo que descarga siga estando compartido y, por tanto, es injusto que lo reduzcan a la categoría de pirata… ¿Es un bucanero el usuario de una biblioteca? ¿Es un “ganzúa” sibilino el que toma de la estantería a “El Principito”? Quizá es que las bibliotecas, desgraciadamente, no están muy llenas y no surge el recelo de algunos productores, editores y autores a hacerse menos ricos. Distinto es bajarse una película de la red; ya que, es una práctica común y extendida; quizá también, por algunos cuyo apellido coincide con la ese, la i, la ene, la de y la e ¿Quién sabe? La red es una bendición para los que amamos la cultura porque es accesible e inmediata y hace que la satisfacción de la curiosidad no sea directamente proporcional al volumen del bolsillo. Con la red un niño del tercer mundo puede sentarse ante una pantalla y ver, una y cien veces, el último gol de Messi o la postrera pirueta de Chaplin ¿A quién le puede molestar eso? A los desconfiados que ven lucro en la satisfacción de la curiosidad y a los interesados que ven dólares en el bien más preciado del Ser humano: el intercambio generoso del conocimiento.
La red abre el debate, aumenta las expectativas de propagación de la obra del autor que, por los mecanismos tradicionales, eran casi nulas… sin contactos, sin mecenas, sin avaladores, sin posibilidad de multiplicar exponencialmente a sus admiradores. La Sinde, y sus seguidores, aboga por la censura, por frenar el flujo de la cultura y el conocimiento, por castigar al que comparte, por fiscalizar al curioso… como cuando nos decían que el “vicio solitario” conducía a la ceguera. La Sinde, y el sistema, cortan las ramas del árbol de la ciencia para que los pobres mortales no puedan nutrirse de su fruto: cuanto más aborregados mejor controlados; así vigilaba Dios en el Edén impidiendo que le mirasen a los ojos; pero, el ser humano es curioso por naturaleza y no hay censor que lo frene.
En tributo a la valentía de Alex de la Iglesia por su dimisión, como director de la academia de cine, añado, bajo el último renglón de esta misiva de admiración, el mini video que lo inmortalizó como una persona consecuente. Ojala se propague el ejemplo y los que nos gobiernan aprendan que están ahí, con nuestros votos, para ayudarnos y no para utilizarnos, cada cuatro años, con el fin de asegurar su estatus.

Leones enjaulados

Con demasiada frecuencia nos encontramos en la cartelera con “clásicos adaptados”. Se trata de grandes obras clásicas, en las que el director de moda de turno mutila el texto original con la idea de modernizarlo ante el público. Otras veces, la mutilación ya viene dada por otros dramaturgos que, en su momento, vieron imprescindible “mejorar” la  pieza original. Sobra decir que, cuando un director trabaja con un texto mutilado o se atreve a mutilarlo, factores como el contexto histórico son los primeros en acabar en la papelera; en su lugar, espectaculares escenografías, vestuarios del todo desacertados, efectos audiovisuales y actores procedentes de la caja tonta suelen acompañar a grandes puestas de escena que, como grandes envoltorios de regalos, pretenden seducir al espectador en un intento, casi siempre fallido, de alejar al aburrimiento del patio de butacas. Y yo me pregunto: si nadie con dos dedos de sensibilidad artística se plantea mutilar una pieza clásica de literatura, de pintura o de música ¿Por qué en el teatro consentimos tal aberración? Otra cosa muy distinta es, a través de un clásico, hacer otra historia, con otro lenguaje y en otro contexto histórico. Directores de cine de la talla de Akira Kurosawa u Orson Welles crearon auténticas joyas inspirándose en grandes clásicos; el propio  Shakespaeare no inventaba sus historias y Picasso cuando pintó sus Meninas supo captar la esencia del maestro sevillano y poner su sello cubista e inconfundible. Esta metamorfosis, este movimiento forma parte de la esencia del arte y de la vida; pero, negar o camuflar el contexto histórico de una obra para que el público se acerque a ella es tan absurdo como si intentáramos sustituir las cristaleras góticas de las catedrales por graffitis. Darle VIDA a un Shakespeare, a Chéjov, a Ibsen… requiere, más que presupuestos desorbitados,  un respeto, profundo y verdadero, a la grandeza y espíritu de la obra. Y digo VIDA porque lo que hace grandes estos textos es que las situaciones,  los momentos históricos han cambiado, pero no la condición humana con sus luces y sus sombras: el amor de Julieta, la indecisión de Hamlet, la rebelión de Nora, la represión de la srta Julia, la inconsciencia de Liubov Andrievna… pero, para empatizar totalmente con estos personajes y acercarnos a sus contradicciones es necesario no mutilar al texto, ni de su riqueza gramatical, ni de su contexto histórico. ¿Alguien puede imaginarse al Quijote caminando por un campo que no sea el de Castilla? ¿Qué sentido tiene el sufrimiento de Anna Karenina si la sacamos de la Rusia de 1800? ¿Es posible admirar en su totalidad el Guernica si ignoramos qué inspiró ese cuadro? Cuando voy al teatro y veo esas adaptaciones superficiales me quedo tan triste como cuando voy al zoo y veo a los leones enjaulados. El león, sacado de su extensa pradera, conserva su grandeza, su belleza estética, pero su mirada refleja un alma muerta.

¿No será que enfrentarse con estos grandes textos requiere un esfuerzo y una tarea de investigación incompatibles con nuestra sociedad de consumo y con la gran industria del teatro comercial? Para adentrarse de verdad en una obra maestra, para descubrir que hay detrás de cada frase, de cada coma, de cada pausa, se necesita, además de una confianza absoluta en la grandeza de la pieza original, tiempo y maestría que, en la mayoría de los casos, no se aprende en las sofisticadas universidades de arte escénico, en las que el oficio del teatro ha sido sustituido por una formación academicista totalmente dogmática.

La artesanía del teatro, la investigación, la honestidad, la generosidad, el riesgo de dar vida, con un presupuesto mínimo,  a un texto grande y hermoso, sin artilugios, queda relegado a compañías y directores que, rara vez consiguen llegar al gran público; mientras tanto, el arte va muriendo, en la antesala de las grandes productoras y de los directores de moda que ofrecen  “pedigrí” a todo un paquete  perfectamente embalado y lanzado al mercado; pero, sin contenido ni criterio alguno, tremendamente aburrido, pretencioso y sin VIDA: leones enjaulados.

Heidi

La escupidera

A la lengua de la mentira por plagarlo todo de humo.
A la uña del traidor que se divierte arañando el afecto.
Al corazón del avaro por cerrar la puerta a la felicidad.
Al buche del mezquino por pasar hambre con la nevera llena.
Al opulento pecho del arrogante por estar inflado de duda.
Al pie de la envidia que patea lo que admira.
A la mano del manipulador que viste de cordero al lobo.
Órganos activados por las teclas del impulso
y amplificados por los tubos de la infelicidad;
os agradezco vuestra torpeza por dejar tanto rastro.
Sois la fuente de inspiración de la ironía;
sois ridículos y trágicamente humanos.

A Berlanga

Hola Berlanga… siempre hola. A artistas como tú la puerta abierta y cerrada la duda.  No eres “uno de”, ni eres “difícilmente repetible”; sencillamente eres Berlanga y desde que me sumergiste en tu primer fotograma sabía que estaba ante BERLANGA. Un genio es un diez en una escala de diez peldaños; pero, a ti las escaleras de diez se te quedan cortas ¿Por qué razón entonces deberíamos otorgarte la calificación de genio? Sólo sé que algunas de tus películas han llegado a la médula, al tuétano, a las nefronas y a las trompas de Eustaquio de rubios y morenos. Si colocó a Ser o no ser entre las más grandes ¿Dónde coloco a Plácido? Si alzo a El apartamento a mi cabecera ¿Dónde pongo a El verdugo? Sólo sé que me haces amar el cine como Brecht me hace amar el teatro o como Schubert me hace adorar la música. Tienes tanta envergadura que trabajas junto a gigantes del guión, la interpretación y a otros muchos que los dan por muertos; pero, que siguen entre nosotros ¿Sabes por qué? Porque deseas compartir, conoces el poder del equipo y no es tu deseo brillar en la oscuridad como la vanidad que  pone zancos a su pequeñez o hace bajar los techos para verse a la altura o compra enanos para mirar por encima del hombro (todos conocemos a alguno de estos que se van pavoneando por ahí inflados de duda que no de méritos) Berlanga, tu no eres de esos que la cuenta corriente, o el apellido, pone una careta de insigne a una cara de miserable. Berlanga no nació, se hizo a base de trabajo, talento, motivación y un gran equipo a su alrededor. A Berlanga se le ve enorme aún mirando por microscopio.

Contra el artista mezquino, contra el que evita salir al ruedo, contra el que prefiere el aplauso al silencio, contra el que esconde su incapacidad en vanguardia, contra el miedo del conservador, me curo con estas imágenes: Pepe Isbert explicando como se utiliza el garrote vil, Luís Escobar llorando desconsolado por su colección de pelos de coño, otra vez Pepe Isbert espetando un discurso vacío en el balcón del ayuntamiento de Villar del Río, Cassen intentado pagar la letra del motocarro, el casamiento del abuelito moribundo para no fenecer con el pecado del celibato, la meada de las aldeanas sobre Landa, sacristán, Montesinos y compañía, el llamamiento por megáfono del verdugo en las cuevas del Drach… ¡buf! ¡No pararía!

Dejo una perla para la posteridad: quizá el mejor desenlace de la historia del cine español.

Chejonte, Baco y las sabrosas cerezas

Hay nombres propios en la historia de la dramaturgia y Chéjov es uno. Carro de Baco y los veteranos de su escuela se encuentran a pocas horas de disfrutar la maravillosa cosmovisión de la obra póstuma de Antón Pavlovich Chéjov. Nos estamos refiriendo a El jardín de Los Cerezos.

Nos encontramos impacientes por ver a Gáiev jugar con su billar imaginario, por escuchar las rechinantes botas de Epijódov, por averiguar si Lopajin y Varia serán capaces de unir sus vidas, por oler el perfume a pachulí de Yasha, por deleitarnos con los trucos de magia de Charlotta, por sentir el pulso del corazón de Ania al escuchar las proclamas idealistas de Trofímov, por advertir el fin de los días de Firs, por conmovernos con la inocencia de Duniasha… por lamentar junto a Liubov Andriéievna la pérdida de su amado jardín. Y con el fin del jardín, el fin de una época y la emergencia de los que antes vivían bajo el yugo de la aristocracia.

Chéjov, el que una vez dijera que los hambrientos sólo tienen fe en la carne o el mismo que contrajera esa enfermedad, que le acabaría matando, por su espíritu solidario con los más pobres o el mismo que defendiera que si una pistola aparecía en el primer acto en el tercero debería dispararse o el mismo que fracasara estrepitosamente en su primer gran estreno y, al tiempo, acabara siendo considerado como uno de los mejores dramaturgos de la historia. Chéjov, el precursor de una de las corrientes teatrales más fructíferas conocida como “realismo americano”, el inspirador de grandes como Tennesse Willliams o Arthur Miller, la espada de batalla del creador de la memoria emotiva Konstantin Stanislawski y el camino de retorno de los actores del método de Lee Strasberg. Chéjov, el cuentista. Chéjov, el médico. Chéjov, el hijo de un sencillo tendero y el nieto de un siervo que compró su libertad. Chéjov, el amante que vivió su ternura con Olga distanciado por esa intrusa, la tuberculosis, que le hizo escribir su amor en negro sobre blanco.

Asoman en el jardín de la imaginación un puñado de sabrosas cerezas: Jordi, Nati, Gemma, Xavi, Paqui, Aitor, Isa, Germán, Aida, Txema… afortunados vosotros por recrear este jardín de las delicias… Os envidiamos y os adoramos en tal medida que envidia y adoración van de la mano.

Pedro y Heidi

El poder del estímulo

“Interpretar no es actuar es reaccionar” Hacía años que perseguía una frase tan ilustrativa para explicar la esencia de la interpretación y el bueno de Michael Caine me la proporcionó.

La actuación es el conjunto de acciones de un personaje en escena. La acción es un movimiento en escena para lograr un objetivo, para conseguir satisfacer una necesidad. La necesidad nace de un estímulo y la obligación del actor es aceptarlo y reaccionar de forma lógica. Cuando el actor no reacciona ante el estímulo aparece la represión ¡gran enemigo del intérprete! La represión, el bloqueo, el miedo a ser incorrectos abren sus fauces y nos empequeñece. La misión del actor es aliarse con el estímulo, con la sorpresa, para dotar a su movimiento en escena de contenido y credibilidad. Si alguien me pregunta ¿Qué es lo que necesita un actor para realizar con éxito su acometido? yo les respondo: abrir todos sus sentidos y estar en estado de libertad con la finalidad de aceptar cada estímulo que la escena brinde. El actor es más virtuoso en la medida en que actúa menos y reacciona más. El actor “preocupado” por enseñar su mejor cara se pierde un mar de “tentaciones” y acaba practicando la impermeabilidad. El actor que se columpia en su técnica, que repite sistemáticamente cada milímetro de su actuación, a pesar de lo que piense Diderot, es un actor cerrado a la aceptación del estímulo externo: es como si se quisiera golpear la pelota antes de llegar a la raqueta. Diderot nos dice que dejar una actuación al imprevisto de los estímulos y no controlarla con la técnica exquisita acrecienta el riesgo de fracaso escénico; pero, creo firmemente que el motivo por el que un actor pisa el escenario es para aceptar ese riesgo y buscar la manera de salir airoso. Cuando ocurre eso la satisfacción es inconmensurable. Si eso ocurre, más que “hacerlo bien”, lo “habremos hecho” que en teatro es mucho más que “hacerlo bien”.

Pedro

Las tres caras del traidor

“Quien quiere ahogar a su perro dice que está rabioso” así define Molière al traidor. Algunos, a los que había ayudado y les había abierto un camino, me trataron como a un perro rabioso y clavaron su puñal sobre mi espalda ¿Algo debí hacer? Quizá haber confiado en ellos sin reservas. Antes era ejemplar y ahora tengo la rabia: motivo suficiente para hundirme el puñal en las cervicales.

A Julio César lo traicionaron unos por ambición, otros por envidia y otro, Bruto, porque sentía el deber de matar a la serpiente en el huevo; porque, quería salvar a Roma… una burda autorización para su desleal acto. Bruto engañó a Antonio, engañó a Roma, quizá engañó a Shakespeare; pero, a mí no ha conseguido engañarme, tras la cara de cordero estaban las fauces del codicioso.

Las personas demolemos a nuestros bienhechores con frecuencia ¿Por qué? Yo creo en la teoría del esfínter: a uno se le encoge tanto que no puede cagar con libertad y siente que va a reventar por dentro. La sombra del poder aparece y nos acojonamos. De esa cosa se alimenta el poder; de los esfínteres constreñidos. Cuando el músculo del ano se te comprime tomas un triste puñal y se lo clavas a quien te hizo el bien. Llega el poder y el pelo se te eriza como a un urogallo y te dice al oído -si no estás conmigo estás contra  mí- Bueno, en realidad dice – ¿De verdad vas a bailar al son de ese? ¿No ves que te utiliza… que te manipula? No estés cerca de ese… miserable que cuando le cortemos el pescuezo, te salpicará con su sangre de plebeyo ¡Aléjate! ¡Mantente neutral!- Por supuesto la neutralidad siempre favorece al poder. La neutralidad es la forma en que el cobarde apoya al poderoso. La neutralidad es un velado posicionamiento, con quien tú quieres, haciendo creer que no estás con nadie. Se me olvidó decir que cuando el esfínter se encoge emerge una cresta de gallina en la zona de la coronilla y rebosan babas por la comisura de los labios. Así es la foto del neutro que clava el puñal y esconde la mano.

Además está la teoría del “Golum” El Golum que tenemos dentro asoma ante la posibilidad de conquistar migajas. El Golum es otro de los vestales del traidor. La desbordada ambición del Golum le hace tomar el puñal y esperar el descuido de su bienhechor para degollarlo. En la teoría del Golum, el traidor aparenta aires de justicia para velar su desenfrenada ambición. Dice -se me ofrece una silla ¿Voy a despreciarla? ¿Pero si es la silla de quien me trajo aquí… a esta dichosa posición? Me merezco más de lo que tengo ¡Voy a hacer justicia! ¡Fuera de mi silla!- Otras veces dice -¡Me ha enseñado tantas cosas! ¡No me puedo creer que esté rabioso y contagie la rabia por donde va! Si le clavo un puñal será en defensa propia- Ni cabe decir que el Golum no conoce la teoría del contraste y es capaz de mentirse así mismo con tal de justificar su ambicioso y sumiso acto de traición. El Golum que tenemos dentro aflora por miedo a que la mediocridad se ponga al descubierto. El ambicioso es un ser loable; pero, se transforma en despreciable cuando utiliza los codos, el oportunismo y mata a quien lo estima con el fin de ocupar su lugar o complacer a su amo. El ambicioso que destruye es un mediano con careta, un beene, un jotaeme y otras cosas que acaban en eme. El poderoso tiene bien aprendida la lección y sabe como controlarlo: le ofrece las migajas y éste se vende a precio de saldo.

Luego asoma la tercera cara del traidor: “el flaco amarillo” Es flaco y amarillo; porque, muerde y no se alimenta. Es el que admira en secreto al que va a apuñalar y lo quiere destruir; porque, no soporta verlo desde abajo, como el contrapicado de una cámara. El flaco mata por envidia y tanto le encoje la envidia que es el que más estira el brazo para hundir la daga. La envidia lo consume y entonces diagnostica rabia al perro para autorizarse a matarlo. El envidioso se cubre las espaldas con el manoseado truco de “el sentido de la justicia”; dice levantar una espada y en realidad levanta un puñal con cicuta en la punta. El flaco es un mediocre con el esfínter comprimido y cresta de gallina, que se maquilla de “buen rollo” para que no se vea el cáncer de sus ojos. Sólo hay tres que lo saben: el que es objeto de su envidia, su mujer que lo encubre  y el poderoso que gestiona su hiel para tenerlo de peón, de perro faldero, de carne de cañón. El poderoso manipula la envidia del flaco para tenerlo de soldado, de perro de presa y de puta si viene al caso. El envidioso se ve tan pequeño y flaco que dobla los espejos para verse más gordo.

El temeroso, el ambicioso y el envidioso son controlados por la sombra del poder que a menudo recuerda a una orquídea: frágil, dulce e inofensiva por fuera; pero, muy cojonuda como su propio nombre indica. Otras veces, el poderoso, aparece con cuernos; pero, como reposan sobre la cabeza sólo acierta a ver su sombra en el suelo y como es poderoso se consuela creyendo que es la sombra de su corona.

En conclusión; si sientes una punzada en la espalda comprueba si “el Golum”, “el flaco” y “el gallina” han dejado su sello. Cuando te la han metido doblada no hay remedio; pero, si los ves venir a lo lejos, ándate con ojo, escapa, corre, sepárate, aléjate; aunque, parezca que quieran danzar contigo ellos son como son: con una mano te toman la cintura para fagocitar tu ritmo y con la otra…con la otra te desangran la espalda.

Pedro.

Looking for Montserrat

¿Estuviste con nosotros? ¿Hiciste como los avestruces? ¿Disfrutaste del buen teatro junto al resto, junto a las seiscientas personas que poblaban el escenario? Claro, lo entiendo todo, el viernes era un día para que Carro de Baco y Alquimistes disfrutasen de su éxito y tú no quisiste enturbiarlo; es tu forma de expresarnos ese afecto que te caracteriza practicando la humildad y procurando no robar un segundo de protagonismo a los verdaderos artistas. Gracias. Un padre me dice -­No es que se la eche a faltar; porque, ya sabemos que de Alquimistes pasa- y yo le contesto -¿No entiendes que lo hace para no apoderarse de la conquista de Alquimistes y Carro de Baco?- Para los que no conozcan el dato Alquimistes y Carro de Baco son dos caras de la misma moneda; aunque, algunos pretendan confundir al personal con el juego de las siete diferencias. Que no lo digo por la Regidora, me consta que ella lo tiene claro, es que ha habido varios intentos de desmontar la química milagrosa entre Carro de Baco y Alquimistes y, parece ser, que no lo han conseguido ¿Sabéis por qué? Porque Alquimistes y Carro de Baco viven fusionados por el amor y hace mucho tiempo que son la misma cosa.

Pero a lo que íbamos: hay quien entiende que NO viniera, Montse, a darnos ánimo antes del espectáculo e incluso hay quién cree que no es importante que NO nos felicitara; porque, el público en pié, emocionado, es un hecho que desdibuja las engañosas palabras; pero, muchos no comprenden, y yo intento sacar hierro al asunto, que la Regidora de Cultura NO quisiera brindar con Alquimistes en la noche memorable de teatro que ofreció a Santa Coloma. Esa noche Pretoria, los supuestos terroristas del Fondo o la inundación de La Central Escènica, pasaron a un segundo plano ¡Por fin una buena noticia! ¡Una noticia de las que dejan marca de ciudad! Sobrevuela la sombra de la duda -Esa mujer no nos considera, somos plebeyos de segunda categoría- intento calmar los ánimos –Escuchadme ¿Ha venido un viernes por la noche a ver nuestro estreno, no? ¿Podría haberse quedado en casa regando sus orquídeas, no?- la duda se estira -¡Ingenuo! ¿Sabes a qué ha venido? A figurar, a criticar, a ver el fallo, a demostrarse a sí misma que tiene ante sus ojos a catorce discapacitados y que, a lo sumo, a alguno de ellos parece que no se le note- y yo digo -¡Basta!- Tengo que frenar a la gente que ve en nuestra Regidora, paradójicamente, al paradigma de la insensibilidad artística, a un cerebro cuadrado que no ve más allá de Schumann, las orquídeas y sus “íntimos” de casta -¡Es la Regidora de Cultura! ¿Cómo no va a caer en la cuenta de que Alquimistes y Carro de Baco es CULTURA con mayúsculas?- Entonces es cuando me comentan lo del díptico, lo del catálogo y lo del full informatiu. El díptico que debía estar y no estuvo ¿no era responsabilidad de Montse? Quizá se quería ocultar el mérito del enorme equipo artístico que obró el milagro. Tres pobres líneas en el “full” sin apenas desarrollar la noticia; otras tres líneas en un rincón del catálogo del teatre Sagarra. Por cierto; todo el teatro local se refleja, en el catálogo, sobre fondo negro, sin ficha artística, ni foto… como una esquela. Un amigo psicólogo me dice que quién permite esa división es porque cree reconocer que Santa Coloma tiene dos culturas: una de primera categoría formada por Patricios y otra de segunda formada por plebeyos ¡Hay que ver como se comen la olla mis amigos! Entonces acaba su tesis psicoanalista y me dice ¿No te diste cuenta que Carro de Baco no figura en ninguna información? ¿Qué me quieres decir que nos están vetando sibilinamente? No, no os vetan ¿cómo van a vetar a los FUNDADORES de Alquimistes después de quince años de brillante trayectoria? Yo diría, más bien, que os tienen un poco de miedo ¡Tela marinera con el aprendiz de Freud!

Luego está lo de las entradas: doscientas personas en la calle ¡Vaya organización la del Presidente de Alquimistes con el Servicio de Cultura! (Todo esto no lo dice mi amigo Freudiano; sino, un sin fin de gente que dicen tener la mosca tras la oreja) A lo mejor es que muchos contaban que no íbamos a llenar el teatro ¿Dónde estaba la famosa proyección en la sala Miquelet para estos casos? ¿Se pregona un servicio que luego no se ofrece? Y la multitud me dice -Lo peor de todo es que dejaron en la calle a personas que colaboraron directamente con la obra, a periodistas que podían habernos ayudado a divulgar y a invitados de muchos kilates, muchos de ellos con las invitaciones reservadas hacía una semana  ¿No se estará practicando, aquí también, la división entre invitados de primera e invitados de segunda? ¿No estaremos reproduciendo lo que, tan bien, hace la Regidora?- No hay público de primera, ni de segunda; sólo hay un público verdadero: el que acude de corazón. El viernes, si alguien entró con el corazón cerrado e inundado en hiel; aún, debe estar experimentando el dolor de tener que haber juntado las manos, haciendo el mínimo ruido posible, para aplaudir en silencio el espectáculo; aunque, querer silenciar a Alquimistes es como encender una bombilla en un estúpido intento de eclipsar al Sol.

Pedro.

El Termómetro de la Fealdad

Hoy, una vez más, al levantarme y abrir la ventana las moles de cemento perfilan el horizonte de Santako; y es que nunca ha sido la ciudad tan Santako como es ahora con los Cúbics. El feísmo urbanístico alcanza en Sta Coloma cotas tan elevadas como los 24 pisos del edificio central: el termómetro de la fealdad. No hace mucho la Regidora de Cultura, ante la noticia de que una cía americana nos había comprado los derechos de La Mano para su representación en Estados Unidos, en vez de felicitarnos, dijo literalmente: “Se nota vuestra alegría, afuera debe haber un termómetro de la felicidad”  Tenía razón, Sta Coloma tiene un termómetro estupendo, pero no marca la felicidad. Si ella viviera en Sta Coloma podría disfrutar de los 24º perpetuos de estupidez humana que, de aquí a la eternidad, marcará el termómetro. Menos mal que, en breve, la Fiesta Mayor teñirá de colorido el gris imperante; hasta entonces, me queda el consuelo de extasiarme con el fantástico bodegón futurista de naturaleza muerta del póster de fiestas. ¡Y ojo! Vaya por delante que la que escribe, además de ser una fan de la ciencia ficción, respeta la obra de Gino Rubert; pero, hay ciertas cosas que cuestan de digerir: parque Europa idílico, adultos convertidos en marionetas que ni sufren ni padecen      (la festa al cor)  niños todavía vivos, pero ya infestados por el virus de la maldad, descendiendo por el tobogán de la nueva Catalunya, sumisión absoluta de la única cara humana convertida en perro faldero y lo más doloroso, Cubics empequeñecidos a dos plantas, elevados a símbolo de la única esperanza de aliento de vida: la ventana abierta en homenaje al cuadro de Dalí y Gala en un banco amamantando a un niñito negro: los auténticos colomenses del futuro; aunque, no sabemos qué tipo de leche dará el pecho blanco de la polémica y estéril Gala… Queda la incógnita de si el autor ha querido dejar sus crítica o si todo es fruto de mi imaginación; pero, como mínimo no me negaréis la ironía que el primer cartel de fiestas de Sta Coloma, después del escándalo Pretoria, tenga como símbolo Cubics. En fin: sea como sea el póster no es que invite a la fiesta pero invita a la reflexión y en una ciudad  tan adormecida como Sta Coloma, estímulos como éste son de agradecer.

Heidi.