El club de los espejos cóncavos

Hoy he conocido el club de los espejos cóncavos;
de los flacos que se ven gordos.
De los vulgares que se creen doctos.
De los cuadrados que se muestran redondos.
De los frágiles que van de rocosos.

Hoy siento pena por el club de los espejos cóncavos;
por sus caretas de ángel con piel de demonio.
Por sus sonrisas que tapan colmillos de lobo.
Por sus voluntades prendidas en el fulgor del oro.
Por sus comadreos que reducen la nada al todo.

Hoy me protejo del club de los espejos cóncavos.
Contra tanto humo que me ciega los ojos.
Contra tanto adorno que me roba el decoro.
Contra tanto jabón que me hace ser bobo.
Contra el que confunde “mucho” por “meritorio”

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