Leones enjaulados

Con demasiada frecuencia nos encontramos en la cartelera con “clásicos adaptados”. Se trata de grandes obras clásicas, en las que el director de moda de turno mutila el texto original con la idea de modernizarlo ante el público. Otras veces, la mutilación ya viene dada por otros dramaturgos que, en su momento, vieron imprescindible “mejorar” la  pieza original. Sobra decir que, cuando un director trabaja con un texto mutilado o se atreve a mutilarlo, factores como el contexto histórico son los primeros en acabar en la papelera; en su lugar, espectaculares escenografías, vestuarios del todo desacertados, efectos audiovisuales y actores procedentes de la caja tonta suelen acompañar a grandes puestas de escena que, como grandes envoltorios de regalos, pretenden seducir al espectador en un intento, casi siempre fallido, de alejar al aburrimiento del patio de butacas. Y yo me pregunto: si nadie con dos dedos de sensibilidad artística se plantea mutilar una pieza clásica de literatura, de pintura o de música ¿Por qué en el teatro consentimos tal aberración? Otra cosa muy distinta es, a través de un clásico, hacer otra historia, con otro lenguaje y en otro contexto histórico. Directores de cine de la talla de Akira Kurosawa u Orson Welles crearon auténticas joyas inspirándose en grandes clásicos; el propio  Shakespaeare no inventaba sus historias y Picasso cuando pintó sus Meninas supo captar la esencia del maestro sevillano y poner su sello cubista e inconfundible. Esta metamorfosis, este movimiento forma parte de la esencia del arte y de la vida; pero, negar o camuflar el contexto histórico de una obra para que el público se acerque a ella es tan absurdo como si intentáramos sustituir las cristaleras góticas de las catedrales por graffitis. Darle VIDA a un Shakespeare, a Chéjov, a Ibsen… requiere, más que presupuestos desorbitados,  un respeto, profundo y verdadero, a la grandeza y espíritu de la obra. Y digo VIDA porque lo que hace grandes estos textos es que las situaciones,  los momentos históricos han cambiado, pero no la condición humana con sus luces y sus sombras: el amor de Julieta, la indecisión de Hamlet, la rebelión de Nora, la represión de la srta Julia, la inconsciencia de Liubov Andrievna… pero, para empatizar totalmente con estos personajes y acercarnos a sus contradicciones es necesario no mutilar al texto, ni de su riqueza gramatical, ni de su contexto histórico. ¿Alguien puede imaginarse al Quijote caminando por un campo que no sea el de Castilla? ¿Qué sentido tiene el sufrimiento de Anna Karenina si la sacamos de la Rusia de 1800? ¿Es posible admirar en su totalidad el Guernica si ignoramos qué inspiró ese cuadro? Cuando voy al teatro y veo esas adaptaciones superficiales me quedo tan triste como cuando voy al zoo y veo a los leones enjaulados. El león, sacado de su extensa pradera, conserva su grandeza, su belleza estética, pero su mirada refleja un alma muerta.

¿No será que enfrentarse con estos grandes textos requiere un esfuerzo y una tarea de investigación incompatibles con nuestra sociedad de consumo y con la gran industria del teatro comercial? Para adentrarse de verdad en una obra maestra, para descubrir que hay detrás de cada frase, de cada coma, de cada pausa, se necesita, además de una confianza absoluta en la grandeza de la pieza original, tiempo y maestría que, en la mayoría de los casos, no se aprende en las sofisticadas universidades de arte escénico, en las que el oficio del teatro ha sido sustituido por una formación academicista totalmente dogmática.

La artesanía del teatro, la investigación, la honestidad, la generosidad, el riesgo de dar vida, con un presupuesto mínimo,  a un texto grande y hermoso, sin artilugios, queda relegado a compañías y directores que, rara vez consiguen llegar al gran público; mientras tanto, el arte va muriendo, en la antesala de las grandes productoras y de los directores de moda que ofrecen  “pedigrí” a todo un paquete  perfectamente embalado y lanzado al mercado; pero, sin contenido ni criterio alguno, tremendamente aburrido, pretencioso y sin VIDA: leones enjaulados.

Heidi

Anuncios

2 comentarios en “Leones enjaulados

  1. Leí este texto escribiendo “me entristece el teatro” en google. Bueno, la verdad es que ando en una extraña crisis hace un tiempo. Una crisis de significado. Estoy aburrido de una vida que parece actuada, de una rutina de libreto, vivo con una mina que se cree “artista” porque va a clases de teatro, y bueno, para contar mis tristezas tengo mi blog.
    El punto es que me quedé pensando en lo que decís, acerca de como violan al teatro por sobre a la musica o la literatura, y creo que te equivocas en un puntillo. Está bien, es bastante fácil tomar a cuatro actores de moda, ponerlos a hacer una “adaptación” de romeo y julieta, y levantar billetes en pala.
    Pero la industria cultural, o cultura salida de fábrica, actúa de otros modos también. Recordemos a Justin Bieber (o como cuernos se llame), ese quinceañero yankee que las niñas de trece años pagan un rollo de billetes para ir a mover la pelvis como elvis sobre un escenario multicolor.
    Recordemos que Justin viene atrás de Miley Cirius (o como sea, nuevamente), Hillary Duff, Avril Lavinge, los backstreet boys y nos podemos remontar al comienzo de la industria discográfica así.
    Y en literatura, bah, ahí si que podemos nombrar fabricas de best-sellers como King y Rowling, hasta el infinito.
    En fin, pareciera como si esos autores escriben obras vacías para que las obras interesantes asomen por encima de ellas.
    Pero es muy triste. Porque así el mundo del arte se divide, en el de cartelera, conocido por todo aquel que tenga radio o televisor, y el mundo oculto, mal llamado “culto”, de la gente que vaga por ahí buscando algo más que un Leonardo DiCaprio en la lista de actores.
    Claro que en medio de un mundo y otro está el estrato de intelectualodies de medio día, que van a un evento porque va a dar una conferencia Eduardo Galeano, no por decir que sea malo, sino porque este tipo de intelectuales va para después contarle a todos sus amigos.
    Bah, para que gastar palabras, no te aburro más con mis sin sentidos.
    Suerte,
    J.P López

    • Hola Juan,
      Disculpa que haya tardado tanto en responderte y, tranquilo, no me aburres. Agradezco que te hayas interesado por mi artículo. Estoy de acuerdo contigo: los tentáculos de nuestro sistema capitalista enconado llegan a todos los géneros artísticos; pero, no me refería a eso, quizá no me expresé bien. A mi me entristece la utilización de clásicos de teatro en manos de directores “intelectualoides” que realmente, ni aman, ni creen en la grandeza original de la pieza. A los gobernantes ya les va bien tener un pueblo alejado de la cultura y totalmente aborregado. Vivimos en una sociedad en la que parece que tenemos todo; pero, nos falta lo esencial: la curiosidad. Por fortuna Internet abre una ventana a la esperanza.
      Saludos
      Heidi.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s